Archivo

Archive for 26 marzo 2011

Despedidas.

marzo 26, 2011 Deja un comentario

Justo ese momento en que la pareja se despide al salir del museo, cuando ella se aleja con pasos cortos hacia el lado contrario y él se queda ahí parado mirando, como vigilando de lejos cada movimiento de ella, por pequeño e insignificante que parezca; cuidando de no parpadear siquiera, esperando no perderse ni un segundo de su imagen, como si quisiera llenarse de ella de un solo golpe antes de alejarse para soportar todo el tiempo de su ausencia hasta el día siguiente, cuando ella se acerque caminando por la calle con su gran sonrisa y una flor de amapola naranja sobre la oreja derecha, y él comience a pensar en muchas cosas (pero en el fondo sabrá que sólo piensa en ella y en ese momento en que se despide la pareja, cuando ella se aleja hacia el lado contrario y él se queda ahí parado, nomás mirando…)

Anuncios

La llegada de los hombres.

marzo 15, 2011 Deja un comentario

Llegaron un día, en silencio, de la nada, comenzaron a llegar y no pararon. Unos creen que llegaron del mar, otros creen que del desierto, hay quienes dicen que llegaron del Líbano. El caso es que llegaron, y no llegaron solos, trajeron a sus mujeres, a sus niños. Llegaron en parejas, en grupos, solos y en manada. Llegaron desnudos y luego se vistieron, al verlos llegar, todos creyeron que eran buenos. Comenzaron a cazar, a comer y vestir pieles, comenzaron a podar y talar, comenzaron a competir. Comenzaron a construir edificios, automóviles; comenzaron a administrar y a contabilizar.     Comenzaron a inyectar, a tomar pastillas, a poner enemas. Llegaron y siguieron llegando, y cada vez llegaban más. Comenzaron a variar de colores, de lenguas, de gustos, incluso de formas de matar. Comenzaron a avanzar, a crecer. Construyeron teléfonos, computadoras. Llegaron a jugar a Dios y a la Muerte. Se olvidaron de todos, salvo de ellos mismos. Acabaron con los árboles e inventaron árboles artificiales, animales de soya, plantas de plástico.

Y de pronto un día, en silencio, de la nada, como llegaron, se fueron. Y no volvieron más.

Síntoma.

marzo 15, 2011 Deja un comentario

Despacio se asomó por la ventana: nada, ella no estaba ahí; la noche era fría y el ambiente olía a madera quemada. Encendió un cigarrillo y se puso a pensar que hubiera sido bueno asomarse y verla ahí parada, atendiendo a algún cliente, acomodándose la cabellera negra y lacia con sus manos pequeñas y un poco huesudas. Hubiera querido ver su cara muy blanca, marcada en el centro por una boca que era demasiado pequeña, su cuello delgado que a veces encorvaba, sus orejas pequeñas, su nariz un poco grande.

Sabía que a ella no le hubiera dado el mismo gusto verlo a él, pero igual lo miraría con esa sonrisa que le hace sentir una marejada en el estómago. A fin de cuentas era mejor no haberla visto; si seguía así, terminaría volviéndose una adicción: llegaría un momento en que no podría respirar si no mirase esa cara, ese cuello, esos hombros…

Caminó una cuadra y de pronto notó que el cigarro se había terminado, «Demasiado pronto» pensó. Llevó rápido ambas manos al cuello, aflojó la corbata, desabotonó la camisa y se secó el sudor, no había podido mirar esa cara, ese cuello, esos hombros; pronto se le iría la respiración. Él lo sabía bien, siempre que no lograba verla, ocurría lo mismo.

A %d blogueros les gusta esto: