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Intentos

abril 1, 2012 2 comentarios

Tiene pereza, pereza de moverse, ni siquiera quiere mirar el reloj, le da pereza; al menos sabe la fecha en que está, si no, peor para él (el calendario está aún más lejos), miércoles, miércoles quince, miércoles, miedo, mirada, mientes, mierda, mucha mierda…

Miércoles quince, que pereza, un día completamente normal, común y corriente hasta el más mínimo detalle (en cada mínimo detalle…), pereza pura, pureza pera, peraza paru, bah… Todo tan soberanamente plano, sin relieve, tan igual, tan lo mismo, el trabajo, la casa, los clientes…

Un día normal, muy normal, tan normal que de pronto, de la nada, le pegaron las ganas de pegarse un tiro y olvidarse de todo, sobre todo de que alguna vez estuvo vivo; a ver si así podía salir de su rutina enfermiza, al menos un poco, al menos por un rato…

El momento decisivo, el que tanto esperaba, toda su vida había esperado un momento tan decisivo como ése y nunca, tal vez, estaría ante uno. Tan simple, tirar del gatillo, tan simple y tan decisivo, tan simple y tan hermoso, tirar del gatillo nomás, el resto se daba sólo. ¿Será normal dudar en un momento así? ¿Será normal un poco de miedo en esos momentos? ¿Serán normales unas extrañas y repentinas ganas de vivir? Dudaba y sin embargo no quería dudar, era el momento más decisivo de su vida y esas dudas no eran lo más correcto. Respirar, aire, un poco de aire, olor a mierda, mierda, mucha mierda en un momento así de decisivo. Sin un temblor de más, decidió entregarse y pegarse el tiro, un rápido saludo al gatillo y adiós.

Sabía de sobra que el destino a veces se reía en su cara, patadas en el culo por parte de la vida, el fracaso tan familiar para él ; sin embargo, nunca pensó encontrar a su fracaso tan conocido en ese momento, no en ese momento tan decisivo y tan crucial como no había ocurrido ningún otro en su vida. Otra bala, otro fracaso, de nuevo y de nuevo el fracaso…

Las balas, la soga, el gas, la daga, aquel martillo en la cabeza, ¿es que nada pensaba funcionar? Comenzaba a alterarse y quiso probar las balas de nuevo, pero ya se las había acabado, su desesperación creció más, era una angustia infinitamente feliz ya para el décimo intento de acabar con todo. La calma y la angustia, la paz y la desesperación, todo muy nuevo para él; no podía pensar con claridad, no recordaba la hora, no recordaba la fecha, no recordaba que eran las tres menos veinte, no recordaba que era miércoles quince de abril, no recordaba nada de nada…

No recordaba que es bien sabido por todos que el miércoles quince de abril a las dos con cuarenta minutos exactamente, la muerte tomaría unas pequeñas y merecidas vacaciones. Ahora a esperar que terminen; mientras tanto la pereza y el miércoles y la mierda y todo eso por un rato más, al menos por un rato más…

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